ANTECEDENTES Y COYUNTURAS

ANTECEDENTES Y COYUNTURAS DE LA
TRADUCCIÓN EN EL RENACIMIENTO
Al repasar la práctica traductora realizada en el Occidente hasta el
Renacimiento, nuestra preocupación se centra en los modos en que dicha
práctica pudo efectuarse. En lo que se presenta a continuación, no se ha
intentado una síntesis de la historia de la traducción, sino de la teoría de la
traducción, es decir, del pensamiento sobre la práctica traductora en sus
momentos más expresivos. La Traductología aún se está articulando para la
constitución de una historia del pensamiento sobre la traducción; sin embargo,
importantes contribuciones han sido ofrecidas después que se ha reconocido a
la retórica como el código principal de la teoría del lenguaje en la Antigüedad;
un código que ha dado un marco teórico fundamental para las discusiones
actuales sobre la traducción producida hasta el siglo XVIII.
LOS ROMANOS
La tradición escrita enseña que en el II milenio a.C., en Asia Menor,
asirios, babilonios e hititas hacían un trabajo especializado de escritura:
traducían la correspondencia oficial de los estados (Mounin 1965: 30). Pero,
aparte los períodos poco claros de la historia de la traducción y el de la
Septuaginta – la primera gran traducción (siglos III a.C. – I a.C.) conocida en
nuestra cultura, hecha del hebreo al griego, “carente de mérito literario y
plagada de hebraísmos” (García Yebra 1989: 302) –, la primera traducción
literaria de una lengua a otra (Highet 1996: 169) se hizo hacia el año 250 a.C.,
con la traducción al latín de la Odisea de Homero por Livio Andrónico, el
“primer traductor europeo” (Ballard 1992: 38). Curiosamente su lengua
materna era el dórico, uno de los cuatro principales dialectos de la lengua
griega. Hizo su traducción en versos saturnios. Fragmentos de esta obra revelan
que “la traducción era exacta, el estilo – de ordinario – simple y preciso, con
algunos logros, pero muy lejos de la flexibilidad cambiante del griego, y en
ocasiones desviado, lleno de epítetos inútiles” (Bayet 1996: 48). A partir de
entonces, varios autores latinos se sirvieron de modelos griegos sea como
fuente para traducciones más o menos libres, sea como inspiración para sus
(re)creaciones más o menos personales. La génesis de la literatura latina está en
la traducción e imitación de modelos griegos.
La primera época en la historia de la traducción literaria occidental
consiste pues en traducciones del griego al latín. No obstante, los romanos,
aunque constituyeron su literatura sobre moldes griegos, no tenían la necesidad
imperiosa de traducir del griego, dado que su sociedad era básicamente
bilingüe. Sus traducciones revelan más bien su interés por las creaciones
literarias, los conocimientos científicos de otros pueblos, y el deseo de erigir su
propia literatura. Rita Copeland recuerda que los romanos reconocieron la
lengua griega como la más ilustre, y que, por eso, la traducción del griego al
latín puede ser descrita como un movimiento vertical descendiente de lo mayor
a lo menor (1991: 11). La exaltación de los modelos griegos por parte de los
romanos ha sido vista también como prueba de su falta de originalidad. Sin
embargo, esta es una crítica que desconsidera el papel de la mímesis en la
creación literaria de la Antigüedad (Ritoré 1994: 604), así como el hecho de
que los romanos se consideraban continuadores de los modelos griegos, y que
su sistema literario había creado una jerarquía de textos y autores que superaba
los límites lingüísticos: este sistema reflejaba el ideal romano del estado
jerárquico, centralizado y tutelador, basado en la ley de la razón (Bassnett
1980: 43).
Se puede, no obstante, afirmar, como lo hace Folena, que el fenómeno
de la traducción era para los romanos mucho más importante, habitual y
familiar que para los griegos. Para estos, el concepto cultural de traducción es
prácticamente inexistente hasta aproximadamente la época alejandrina, y la
terminología permanece genérica y muy poco técnica, en cuanto que el latín
presenta para el concepto del traducir “articolazioni complesse e sottili, con una
sinonimia ben differenziata in nozioni e connotazioni particolare” (Folena
1991: 8). En la traducción artística, una invención latina, se produjo una
romanización no sólo de la expresión sino también del contenido, con énfasis
en el texto de llegada, y a este nuevo valor se le denominó con los verbos
uertere y el compuesto conuertere, transuertere e imitari. Explicare también
comparte estas nociones, pero en san Jerónimo asume el significado de
acentuación sobre la funcionalidad semántica más que sobre el ornato retórico.
Otras acepciones latinas ofrecen los verbos interpretari, que parece poner la
atención sobre el contenido, la dependencia y esfuerzo de fidelidad de la copia;
exprimere, que parece hacer hincapié en la marca formal del calco; y reddo,
que indicaría la correspondencia formal no literal entre original y traducción.
En el latín tardío y en la Edad Media va a dominar el término transfero, y, más
aún, de su derivado participial, el verbo translatare, que ofrece el sustantivo
translatio y el agente translator. Otros términos surgieron en diferentes países
europeos durante la Edad Media, algunos logrando mantenerse por un tiempo
más largo que otros. El francés antiguo acuñó el verbo romancier, con el
significado de ‘poner en lengua romance’, ‘exponer’, ‘poner en rima’, ‘narrar’,
y de la misma raíz el español ha sacado romançar, romancear. El italiano creó
el verbo volgarizzare, que decae a partir del Trecento, pasando a dominar el
traslatare con un valor más genérico, indicando las traducciones tanto de otras
lenguas vernáculas como del latín al italiano, y de otras lenguas al latín. La raíz
de los modernos ‘tradurre’ (1420) italiano; ‘traduire’ (1480) francés; ‘traducir’
(1493-95) castellano; ‘traduir’ (1507) catalán; ‘traduzir’ (1537) portugués; ‘a
traduce’ rumeno, originados de traducere, empieza en el Humanismo, con
Leonardo Bruni (Folena 1991: 8-10; 17-19; 34;71).
En la historia de estos términos, según el relato de Folena, la primera
aparición de traductio se da junto al verbo traducere en una carta de Bruni
fechada el 5 de septiembre de 1400. Traductio sería una innovación semántica
fundada sobre un paso de Gelio en Noctes Atticae (I, 18, 1) donde se habla de
un “uocabulum Graecum traductum in linguam Romanam”. Se puede
cuestionar si se trata de un forzamiento intencional o de un malentendido, un
error semántico de traducción. El vocablo traductio es ya usado por Cicerón
(De oratore, III, 42, 167) como un tecnicismo retórico, indicando la
introducción material en la lengua de llegada de un vocablo extranjero, o sea,
un préstamo. Es la actuación opuesta al transferre o interpretari (Folena 1991:
72). George Steiner, por un lado, afirma que “Bruni interpretó mal una frase de
las Noches áticas de Aulo Gelio, donde el latín significa en realidad ‘derivar
de, llevar a’” (1998: 302). Folena, por otro lado, cree que Bruni no se equivocó,
sino que muy conscientemente eligió un vocablo nuevo,
non consunto come transferre, dove l’operazione di trapianto
d’una in altra lingua si manifestasse con maggior energia e
plasticità: e traduco non solo era piú dinamico di transfero, ma
rispetto al suo piú vulgato predecessore conteneva, oltre al
tratto semantico dell’ “attraversamento” e del “movimento”,
anche il tratto della “individualità” o della causatività
soggettiva (si pensi o duco/dux rispetto a fero), sottolineando
insieme l’originalità, l’impegno personale e la “proprietà
letteraria” di questa operazione sempre meno anonima (Folena
1991: 72).
Con una postura distinta, Aires Nascimento presenta la hipótesis de que
los términos traducere y traductio debían estar ocurriendo ya anteriormente al
tratado bruniano, una vez que un neologismo de este tipo “representaria uma
concessão menos esperada por parte de um purista da língua latina como era
aquele humanista” (1998: 133), y que, si fuera un neologismo, hubiera
merecido alguna explicación.
En Rhetoric, Hermeneutics, and Translation in the Middle Ages, 1991,
Rita Copeland hace un excelente análisis sobre la concepción de la traducción
entre los romanos, enfocado a partir del marco teórico de la retórica y de la
gramática, – y que se encaja bien dentro del planteamiento de este trabajo – del
cual vale recordar algunas ideas. Las escuelas romanas practicaban un modelo
de enseñanza similar al de las escuelas griegas, y en ambas la disciplina de
gramática comprendía no solamente el estudio técnico del lenguaje sino
también el comentario o crítica textual, y la disciplina de retórica enseñaba
como producir argumentos persuasivos y discursos públicos. La mayor
diferencia entre estas escuelas, y que nos interesa aquí, es que en la romana la
traducción era una práctica común tanto en el aprendizado de gramática como
de retórica. En los estudios gramaticales, era considerada una forma de
comentario textual, y en los de retórica, una forma de imitación. De ahí
también la gran superposición entre las prácticas de comentarios, traducción e
imitación literaria (1991: 9-10). La traducción entre los romanos estaba
vinculada a la teoría y práctica de la imitación de modelos literarios, pero a
diferencia de otras formas de imitación retórico-literaria, la teoría de la
traducción
is figured as a pattern of transference, substitution, and
ultimately displacement of the source. […] The aim of
translation is to reinvent the source, so that, as in rhetorical
theory, attention is focused on the active production on a new
text endowed with its own affective powers and suited to the
particular historical circumstances of its reception. […] This
aim has two causes: first, translation arises from an
acknowledgment of difference; and second, the Roman
reverence for Greek culture was simply a corollary of the desire
to displace that culture, and eliminate its hegemonic hold,
through contestation and hence difference (Copeland 1991: 30).
La tarea de traducción es concebida como la producción de una réplica a
través de la diferencia, el desplazamiento, la sustitución y la apropiación
cultural o canónica. Y la retórica ofrece un modelo de hermenéutica para la
realización de esta tarea. Fue en el clasicismo latino donde surgieron las
primeras reflexiones más significativas sobre la traducción, “als die römischen
Autoren sich in ihren Originalwerken mehr von den Vorbildern lösten, und
umgekehrt sich in den Übersetzungen stärker um genaue Nachbildung
bemühen konnten”16 (Stolze 2001: 18). El principal teórico de la traducción y
traductor del período clásico fue Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.).