Perspicuitas

Perspicuitas11
Como la Latinitas pertenece más bien a la gramática, favoreciendo a la
retórica en lo que toca al estilo, la perspicuitas es la primera de las virtudes
retóricas. Su objetivo es la comprensibilidad intelectual. La falta de
perspicuitas produce obscuritas. En las uerba singula, pertenece a la electio
uerborum. En las uerba coniuncta la perspicuitas se refiere a la construcción
oracional.
C. Ornatus12
El ornatus es la uirtus más brillante y efectista; vela por la uarietas y
contrarresta así los efectos del taedium. En los uerba singula, el ornatus
posibilita la immutatio de una palabra aislada, o sea, la elección justa y
apropiada de un término entre una serie de sinónimos y la relajación de la
proprietas. En los uerba coniuncta, el ornatus consiste en las ‘figurae’ y en la
‘compositio’.
Los tropos representan una de las categorías modificativas, la immutatio
uerborum, y las figuras se caracterizan por las restantes categorías (adiectio,
detractio, transmutatio), dividiéndose en figurae uerborum o figurae
elocutionis (figuras de dicción) y figurae sententiarum (figuras de
pensamiento). Las primeras afectan a la concretización elocutiva, las segundas
rebasan la esfera de la elocutio y afectan a la concepción de los pensamientos.
Los límites, no obstante, entre unas y otras no son precisos, y por eso su
clasificación se realiza según se considere su contenido conceptual o su
formulación lingüística.
11 Cf. H. Lausberg 1999: §§ 528-537.
12 Cf. H. Lausberg 1999: §§ 538-1054.
La ‘compositio’ es la correspondencia prosaica de la versificación
poética. Comprende la oración con sus elementos constitutivos (la
yuxtaposición casual, en la oratio soluta; la yuxtaposición coordinada querida
y consciente, en la oratio perpetua; la concatenación organizada y
diferenciadora, en el periodus) y la colocación de las palabras en la oración.
En la colocación de las palabras en la oración pueden participar tres
factores, que afectan a la sintaxis y semántica (ordo), a la eufonía (iunctura) y
al ritmo (numerus):
1. Ordo – afecta a la colocación de las palabras. Las exigencias del ordo (ley de
los miembros crecientes, naturalis ordo, rectus ordo) deben ser
respetadas tanto en la oración asindética, la que omite las conjunciones,
como en el período.
2. Iunctura – es la proximidad inmediata de los miembros de una frase o de
frases entre sí. Las prescripciones de la iunctura respectan
principalmente a las palabras individuales, sean en cuanto palabras
enteras: aquí se debe tomar cuidado con las repeticiones, tanto en el
volumen como en la clase de las palabras; sean en cuanto partes de la
palabra: la atención va hacia las sílabas (sucesión de cantidades
silábicas, contacto silábico entre palabras y similicadencia silábica en
contacto de palabras) y sonidos aislados (contacto inmediato y no
inmediato de las palabras);
3. Numerus – toda manifestación elocutiva presenta una serie sucesiva de
sílabas breves y largas. Este fenómeno natural es la materia prima de dos
artes (ars poetica y ars rhetorica), que mediante reglas introducen el
orden en la sucesión de largas y breves, cuya unidad más pequeña se
llama pes. La diferencia entre ambas artes es que en la poetica la
distribución de los pedes en una sucesión regular abarca y comprende el
discurso entero; en cambio en la ars rhetorica subsiste una mayor
libertad y no se submete el discurso entero a una sucesión rígida de los
pedes. En la ars poetica este proceso se llama metrum, en la ars
rhetorica se llama numerus. El numerus conformado a las reglas del arte
se llama también rhythmus. El numerus está regido por dos principios:
el principio positivo de la uariatio (evitar la sucesión de varias sílabas
largas o breves seguidas) y el principio negativo de la evitación de la
poesía. El comportamiento del numerus en la frase puede estudiarse en
el principio de la frase, en el medio y al final.
D. Aptum13
También conocido como decorum, es la virtud de las partes de
armonizar el todo. El aptum respecta a dos dominios: la esfera interna de la
obra de arte y la esfera externa del hecho social. Lo que significa que el aptum
afecta no sólo a la elocutio, sino también a todas las fases de elaboración y
presentación del discurso.
1. Esfera interna – las partes integrantes del discurso más afectadas son:
a) la causa (asunto principal conocido mediante la intellectio y la
inuentio de los propios pensamientos);
b) inuentio y elocutio – las ideas (res) encontradas mediante la inuentio
han de vestirse con el apropiado ropaje lingüístico (uerba);
c) pronuntiatio – la pronunciación del discurso acompañada de gestos ha
de estar en consonancia con las ideas expresadas y con su
formulación elocutiva;
d) las cuatro partes del discurso (exordium, narratio, argumentatio,
peroratio) deben armonizar entre sí.
13 Cf. H. Lausberg 1999: §§ 1055-1062.
2. Esfera externa – afecta a la relación del conjunto del discurso y de sus partes
integrantes con las circunstancias sociales del discurso, que son:
a) el orador;
b) el público;
c) el momento del discurso;
d) el lugar del discurso.
La norma fundamental del decorum del discurso en su relación con el
público radica en la utilitas de la causa. La utilitas es la norma de todos los
preceptos y teorías de la retórica. Por ello se debe incluso prescindir de los
preceptos de la retórica, cuando así lo exija la utilitas.
E. Vitia14
El uitium es la falta de la uirtus. A menudo es difícil diferenciar a los
dos porque los vitia son susceptibles por convención de considerarse uirtutes.
Algunos uitia de la elocutio:
1. Defectos contra la latinitas: barbarismus, soloecismus y purismo
exageradamente afectado.
2. Defectos contra la perspicuitas: obscuritas.
3. Defectos contra el ornatus: demasiado poco (discurso carente de arte) o
exceso.
4. Defectos contra el aptum:
a) en la esfera interna: inconveniencia entre res y uerba (como la
calificación de ‘injusto’ a un parricida) o entre uerba y uerba
(mezcla de varios tipos de lenguajes y estilos);
14 Cf. H. Lausberg 1999: §§ 1063-1077.
b) en la esfera externa: respecta a lo vulgar y obsceno en las res, uerba
singula, uerba coniuncta.
Estilo y genera dicendi
El conjunto de los dispositivos retóricos de la elocutio contribuyen a la
formación del estilo del escritor. En la Antigüedad, el estilo es también
expresión de la estructura social vigente y puede limitar el escritor a la
expresión de su clase social regulando el uso de los dispositivos retóricos.
Prevalece la clase sobre el individuo. Como la sociedad, también las creaciones
literarias estaban organizadas en clases y así requerían un habla específica,
aunque su clasificación fuera más visible en términos de asunto, res. No
obstante, a pesar de ser restringido por la materia y por su clase social, el
escritor puede desarrollar un estilo propio para expresar sus pensamientos. La
virtud del aptum vigila el empleo correcto de los medios y recursos de la
elocutio.
El primer factor que concierne al estilo es el propio asunto, res, también
llamado materia. Tradicionalmente son tres los niveles de asuntos, bajo, medio
y alto, reproduciendo las clases sociales, y son ejemplificados con las tres obras
de Virgilio: el más bajo era representado por el pastor, trataba de asuntos
pequeños y populares y su función era sobre todo docere: Bucólicas; el medio
era representado por el agricultor, cuidaba de temas morales y medianos, y su
función era delectare: Geórgicas; y el más elevado, representado por el
soldado o el soberano, se refería a causas mayores, a Dios, y su función era
mouere (flectere y conuertere): Eneida. Los estilos correspondientes a las
formas de hablas (genera dicendi) de cada clase eran conocidos como humile o
genus subtile, mediocre o genus medium, y sublime o genus grande. Los tres
genera representan tan sólo una selección de las posibilidades de los géneros
necesarios en la realidad. En la práctica estos tres géneros se descomponen y se
mezclan en una serie enorme de variantes, y no han de emplearse
exclusivamente en toda la obra.
Además del asunto, también las decisiones sobre el estilo debían
considerar al escritor. Estos eran divididos en oratores y historici. La categoría
de los oradores se subdividía a su vez en dos partes: los oradores como tal y los
poetas. Sin embargo, normalmente eran citados en una forma ternaria: historici,
oratores, poetae. Cada categoría requería un estilo distinto. Historici se refería
no sólo a los ‘historiadores’, stricto sensu, sino a cualquier escritor que trataba
su tema de una forma instructiva, desapasionada, caracterizada por el deseo de
informar. De manera que a este grupo pertenecían los filósofos y los tratadistas
de cualquier asunto. En cuanto a los oratores y poetas, la línea que los separaba
era determinada por la cantidad y el tipo de ornamentación empleados; era más
del orden de la técnica que de la sustancia. Siempre se reconoció la
superioridad del poeta sobre el orador por su habilidad y capacidad de trabajar
las ideas en la oratio ligata o verso, dentro de patrones rígidos, limitado por los
numeri poetici en todos los aspectos de su obra, la elección de las palabras, su
posición, las iuncturae, etc. No obstante, la traducción de la poesía era vista, en
principio, como un problema puramente técnico, y podría ser realizada tanto en
prosa como en poesía. El argumento principal de los traductores que se servían
de la prosa en la traducción de la poesía era el de la fidelidad al contenido del
original.
La última parte de la tarea del traductor se refiere al perfeccionamento
del texto producido mediante la emendatio. La emendatio es el proceso al que
toda obra de arte, literaria o de otro tipo, debe someterse antes de dejar el taller
del artista, y que, según Quintiliano (Institutio oratoria, X, 4, 1), consiste de
tres operaciones: adicere, detrahere, mutare (añadir, quitar, cambiar). No hay
consejos prácticos para esta operación, pero una guía segura parece ser el oído,
la eufonía, como lo veremos en los textos analizados.
EL TRADUCTOR COMO RETÓRICO
Para L. Humphrey (apud Rener 1989: 183), en Mystery of Rhetoric
Unveiled, 1657, el conocimiento de la retórica es esencial para el traductor y
presenta tres razones, relativas a los tres procesos de la traducción:
comprensión de la res del original, interpretación y pasaje del texto original a la
lengua de llegada. En los análisis de las fuentes primarias que componen
nuestro corpus, intentaremos hacer más visibles el papel de la retórica y su
función en la traducción, desvelando su presencia en la base de los preceptos
traductológicos.
De una manera seguramente más directa que en nuestra modernidad, el
traductor medieval y renacentista trabajaba para un lector específico. Así como
la relación entre el traductor y su original puede ser expresada por la palabra
fidelitas, la relación entre el traductor y el lector es la de la perspicuitas. Hasta
aproximadamente el siglo XVIII, la traducción era considerada como
perteneciente no al campo de la lingüística, sino al de la hermenéutica: su
nombre técnico era interpretatio. De forma que el traductor no era un lingüista,
sino un expositor que combatía la obscuritas. Las fuentes de la obscuritas para
el lector podrían ser dos órdenes: de la res, cuando una idea no era
comprensible, o de las uerba, cuando la res había sido expresada en una forma
o estilo fuera del alcance del lector. De la solución de estos problemas se
encargaba el traductor. Si las ideas eran consideradas más allá de la capacidad
intelectual del lector, el traductor podría simplemente omitirlas. Si se trataba de
las palabras, había varios procedimentos distintos. La perspicuitas encontraba
tal vez su mayor peligro en los tropos por su ambigüedad intrínseca. Los tropos
requieren una mente ágil que pase del sentido normal al metafórico, y que no
siempre la poseía el lector común que sólo dominaba la lengua vernácula.
También podrían ser problemáticos los efectos artísticos del ritmo y del sonido,
las figurae y los numeri, a causa del ordo uerborum modificado. Sin embargo,
los problemas se incrementaban si la traducción concernía a la poesía, en que la
posición de las palabras es aún más alejada del orden natural.
La idea clásica de traducción como interpretatio abarca, además de
preceptos para transferir el texto, también normas sociales y morales. Es donde
el traductor actuará como censor. A través de la hermenéutica y de la retórica,
utilizando paráfrasis inofensivas u omitiendo pasos y expresiones considerados
obscenos, vulgares o contra la religión y la moral, el traductor intentaba
“controlar, o al menos influir, en la imagen de la cultura que la sociedad iba a
recibir” (Morrás 1994: 417); un hecho que también puede ser interpretado,
según lo hace Rener, como “the orator’s respect for the values of his listener as
required by the code of social decorum” (1989: 236): la salvaguardia de los
valores morales y la preservación del decoro social pesan más que la
reproducción exacta del original. Siendo la función principal de la retórica
persuadir, las necesidades y expectativas del público y los medios para
conquistarlo merecen especial atención.
Lo que he llamado en este segundo capítulo ‘bases teóricas de la
traducción’, no es sino la exposición de elementos (cosmovisión, teoría del
lenguaje, retórica) que subyacen en la práctica y teorización de la traducción
antigua y renacentista, y que participan de alguna manera en los análisis
realizados más adelante. La teoría de la interpretatio, como hemos percibido,
representa una visión global de la concepción y práctica de la traducción
durante casi dos mil años; no obstante, en su presentación he subrayado el
papel de la elocutio, que es el principal valor que se manifestará en el
Renacimiento. La especificidad de cada período histórico en particular en lo
que a la traducción se refiere debe partir de la investigación de la concepción y
teoría del lenguaje involucradas, cuya concepción de la retórica en su momento
determinado se revelará decisiva en la concepción y práctica de la traducción
vigentes. Según fue expuesta hasta aquí, la teoría de la interpretatio puede ser
esquematizada como sigue (p. 111). Considerando las diferencias y
especificidades en la concepción y práctica de la traducción de cada época,
cuya investigación no es objeto de este trabajo, debemos omitir la laguna que
concierne potencialmente al traductor como retórico; sin embargo, la que
trataremos de llenar es solamente aquella que respecta al período renacentista,
y que debe permanecer suspensa hasta el término de nuestra investigación.